Oraciones
Padre Nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.
(Oración de Jesús en el Evangelio, Mt.6, 9-13)
AVE MARÍA
Dios te salve, María;
llena eres de gracia;
el Señor es contigo;
bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
(Oración tomada del Evangelio, Lc 1, 28 y 42. La 1ª parte se reza desde el Siglo VI y toda la oración completa aparece en el catecismo del siglo XVI)

Gloria al Padre
y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
(Origen muy antiguo, desconocido. Inspirado en Mateo 28,19 y en las bendiciones judías)

Tomad, Señor,
y recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer,
Vos me lo disteis,
a Vos, Señor, lo torno.
Todo es vuestro.
Disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta. (Ejercicios Espirituales de San Ignacio, siglo XVI )
SALVE
Dios te salve,
Reina y Madre de Misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A ti llamamos, los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María.
- Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
(Oración del siglo XI)

OH, SEÑORA MÍA
Oh Señora mía, oh Madre mía,
yo me ofrezco del todo a ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón.
En una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo/a tuyo/a, oh Madre de bondad,
guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.
(Autor desconocido)


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